

El esfuerzo construye. Esfuérzate con paciencia, con perseverancia, y con discernimiento. La perseverancia es el compromiso de la mente y de la voluntad. La mejor proyección del esfuerzo es el esfuerzo mismo. La falta de esfuerzo nos hace perder integridad, consistencia y capacidades. La falta de esfuerzo trae invalidez.
Las metas permiten orientar la acción, pero no tienen porque coronarla. Puede que no estemos preparados para recibir los resultados de nuestra acción. Puede que dentro de nuestro particular contexto de circunstancias, no nos merezcamos los resultados que esperábamos, aunque creamos lo contrario. Puede que los resultados que perseguíamos con la acción, y que imaginábamos positivos, de beneficio para nosotros, con el tiempo, y por imprevisibles circunstancias, se hubieran hecho negativos.
Siempre hay una manera de hacer mejor las cosas, y un mejor momento para llevarlas a cabo, pero no hay porque caer en el perfeccionismo en la acción que es angustia y miedo en la acción misma. Procura discernir la mejor manera de desarrollar una acción por simple que sea, aplicando la perseverancia, el esfuerzo y la paciencia. No te importe no lograr las metas por el momento, o simplemente no lograrlas. Actúa por la acción y por el esfuerzo mismo. Así aprendemos y nos entrenamos, nos preparamos mejor, y eso no tiene precio.
Arriésgate.
No temas equivocarte al emprender una acción. Siempre habrá
posibilidades de error. Pero cuídate de dañar a los demás.
No te importe sin embargo vulnerar el egoísmo, la cobardía,
la ignorancia espiritual, los vicios, las mezquindades, y pequeñeces
tuyas y de los demás a través de tu acción. ¡Arremete!
La acción se corrige y se optimiza sobre la acción misma. Perdemos
el tiempo teorizando sobre
cómo desarrollar una acción con la mayor eficiencia. Perdemos
energía para la acción misma. Puede que nos frenemos en su ejecución
y desarrollo, o se escape el momento más oportuno para llevarla a cabo.
Muchos se desviven pensando en lo que van a hacer, criticando a los demás
por lo que hacen o no hacen, y nunca hacen nada.
Somos sujetos de acción. Estamos en este mundo para mejorar las cosas y eso lo logramos por medio de la acción. Aún la acción aparentemente negativa, se hace positiva con el proceso y el desarrollo de los acontecimientos. Esa es la alquimia de la acción.
El éxito
es firme y nuestro cuando logramos ponerle humildad. Si el triunfó nos envanece y nos
llena de soberbia, habremos transformado la victoria en derrota. Es la degradación
de los resultados. Si la adversidad a la derrota nos enseñan y nos
preparan mejor para una nueva oportunidad, habremos transformado la derrota
en victoria. Esa es la alquimia de los resultados.
La acción
del yo profundo es el sentimiento. La acción del sentimiento es el
pensamiento. La
acción del pensamiento es la reflexión, la creación y
la meditación. La acción del cuerpo tiene que hacerse expresión
y consecuencia del sentimiento y del pensamiento. Para la palabra igual. Así nos ubicamos de todas maneras en un buen cimiento para vivir en la verdad.
La verdad es el mejor catalizador de la acción. La motivación, la voluntad y el discernimiento son la fuerza de la acción.
Primero, haz lo que necesites para ser mejor y construirte mejor. No olvides que las cosas importantes que hagamos por nosotros mismos las estaremos haciendo por los demás, y las cosas que hagamos por los demás, las estaremos haciendo por nosotros mismos.

Enseguida, haz
lo que debes, te guste o no te guste, pero el cumplimiento del deber no puede
sobrepasar la postulación anterior. Es decir, el único deber
ineludible es el deber moral. Así se
abre la vía al superior heroísmo, al heroísmo por el
amor, por la vida, por la verdad y por la justicia.
Si te queda tiempo, haz lo consecuente a otras metas.
De todos modos,
haz lo que puedas aplicando siempre un cierto esfuerzo.
Después
de lo anterior, haz cualquier cosa, pero haz algo con tu cuerpo y con tu mente.
No te quedes mirando como los demás actúan. No te hagas voyerista
de las acciones de los demás,
salvo que quieras aprender.