Espíritu de la arena, gracias por abrirme anchas avenidas con flores de espuma en sus costados, para que yo reconozca mis espacios y las pise por primera vez. Haz que sus partículas sean blandas y tibias para las plantas de mis pies. Tu arena fue la tierra antes de que todo comenzara. Eres la quinta estación de la vida.

Dirigiéndose a un macizo de flores que parecía dominar el paisaje sobre unas rocas, decía:
Espíritu de las flores, tus hijas embellecen el mundo y enseñan a vivir sin temor, dando a todos, ricos y pobres alegrías, perfumes, color y formas. Eres la única manera de vivir y quiero llegar a vivir así, sexta estación de la vida.

Mrando las nubes que oscurecían esporádicamente el cielo, decía: Espíritu de las nubes, tu siembra nos aparta momentáneamente de] sol y del cielo azul, pero trae lluvia para germinar la
simiente y proveer nuestro alimento. Tus nubes son como el dolor, la adversidad, los conflictos que pasan y nos dejan siembras y cosechas de aprendizaje y experiencia para vivir con más acierto.
Eres la séptima estación de la vida.

.Se detuvo El Loco. Le pregunté: ¿A Dios no le pides nada? ¡No!, me contestó. A Dios no le pido nada. Nos ha dado todo. A Dios se le agradece todo. El gran Abuelo Dios tiene un teléfono rojo para recibir llamadas de suma importancia y urgencia. Lo que nos ocurre a nosotros, seres humanos, no tiene importancia, es sólo el juego de los cachorros.
Cuando queramos algo, tenemos que saber a quien dirigimos. Hay que dirigirse a los espíritus
intermedios. Y luego se fue. Me quedé pensando en sus palabras. Ya no lo llamé nunca
más El Loco.
A todo esto, yo muy sorprendido, iba constatando cómo el paisaje al parecer respondía a las palabras de aquél hombre. El sol acentuaba su brillo entre las nubes. El mar se apaciguaba y deslizaba sus olas con una especie de cuidadosa lentitud. Los pájaros ya no huían, y por el contrario, desarrollaban un notable y bello espectáculo de vuelos a su alrededor.
El viento daba una sonoridad y una musicalidad a sus palabras que parecían llenar los inconmesurables espacios del mar, del cielo y la playa. La arena abría siempre nuevas y anchas avenidas cual alfombras impecables nunca pisadas. Las nubes oscuras del cielo ya no eran amenazantes. Parecian esperar algo. Las flores se mecian con especial armonía

Empecé a escucharlo mientras caminaba un tanto reconcentrado en mis propios procesos internos.
Decía:

Padre sol, dame tu luz, que es energía, calor, fuerza, movimiento. Acompáñame con tus rayos. Tú estás cerca del gran Abuelo Dios. Eres la primera estación de la vida.
Espiritu del mar, amo tu espuma alegre, la fuerza y la grandeza de tus olas. Adní¡ro la regulación exacta de tus mareas.
Calma tus aguas para que yo pueda estar en sus caricias. La vida pasó del mar a la tierra
. Eres la segunda estación de la vida.

Espíritu de la bandada, amo a tus pájaros. Quiero ser su amigo y estar cerca de ellos. Conocerlos mejor. Permite que me acerque. Quiero sentir la suavidad de su plumaje entre mis manos. Eres un símbolo de libertad y tus pájaros son formas de libertad que amo y necesito. La libertad es la vida misma. Eres la tercera estación de la vida

LAS ORACIONES DEL LOCO

Un invierno en la playa, mientras caminaba sobre la arena, con los pies desnudos, y aprovechaba el aire purísimo de la mañana para limpiar mis pulmones del smog y las toxinas de la ciudad, conocí a un hombre al que apodaban El Loco, el que me dio mucho que pensar.

.Espiritu del viento, que llevas mi aliento hasta los límites del Universo y que me traes en los átomos de tu aire las visiones de todos los países. Permite que tus pentagramas pongan música y poesía a mis palabras para que sean como pájaros, como pétalos al viento. entre los seres humanos. Eres la cuarta estación de la vida.