Las culturas holísticas, del nuevo continente, sus dioses, sus religiones, sus creencias, sus leyes, su orden social, todo fue brutalmente derrumbado y escarnecido, porque según dictaban los conquistadores, era patrimonio de salvajes, de paganos. Los ex perseguidos y pisoteados por el orden social y cultural de Europa, se resarcían y se reafirmaban de su vida anterior descargando su odio, su frustración y sus traumas sobre los desconcertados indígenas. Sus mujeres, ahora esclavas de los semi dioses recién llegados, experimentaron un machismo y un despotismo que multiplicaba sin límites el régimen que vivía la mujer europea de la época. No había medida ni relación. El blanco lo sabía todo y era vencedor con todos los derechos aún de vida y muerte sobre las personas sometidas.
La población de América nunca se recuperó de los traumas de los sucesivos encuentros. Las mujeres indígenas transmitieron su neurosis, tristeza y depresión a sus hijos, los mestizos, criollos,muchos nacidos de habituales violaciones. Los hijos competían por los porcentajes de sangre española, temían al padre, lo envidiaban, lo admiraban y experimentaban encono en vez de amor en su relación. Eso se proyectaría después a los gobiernos y a las relaciones generacionales. El paisaje generoso de la tierra nueva, pletórico de bondades tropicales, servía de bálsamo a las heridas de unos y otros.

El vencedor y dominador agotó su descarga y frustraciones y empezó a dejarse acariciar por el continente virgen. Se apaciguaba a regañadientes, siempre alerta a las posiciones de subsistencia y dominio. Se empezaban a construir las terrazas del poder, la riqueza y la fama y se podía ir a la par con ellas. La ola de la cultura europea empezó a hacerse presente con envolturas patemalistas del Absolutismo vigente, en el nuevo continente.

Pero había vigas muy débiles en la estructura del dominio que ponían todo en crisis. La medicina
indígena era superior a la de los conquistadores, era capaz de mejorar a los enfermos y a los heridos. El sentido de lo mágico, de lo irracional e inexplicable agregó otro rasgo psicológico a la raza nueva.
Todo eso hubo en el crisol de la raza americana. Fue la urdiembre que combinándose imprevisiblemente, amásandose en el desconcierto continuo que significaba el encuentro de las culturas indígenas con la subcultura de los forajidos, que no era la de España ni la de Europa, trasciende hasta nuestros días.

En Chile, además de manifestarse todo el proceso y la carga psicológica anterior, se dieron otros elementos muy específicos. Los mapuches indómitos desafiaban al español en todo terreno, no admitían dominio. Esto obligaba a un estado de alerta continuó con las armas en la mano y los centinelas en sus puestos. El sello castrense y la capacidad para adaptarse a una dura disciplina se grabó firmemente en la naciente población mezcla preferente de soldados españoles y mujeres indígenas de las tribus sometidas del norte y del centro del país.

En la guerra con los araucanos, la crueldad para aterrorizar al adversario, era un recurso muy habitual. En los españoles, la crueldad era una ambivalencia, un conflicto y una contradicción con su religión en la que empezaban a pensar frente a la guerra y la muerte. Se abría la brecha profunda entre el pensamiento, la palabra y la acción en aspectos fundamentales y esenciales.

En la Capitanía de Chile, el clima no era generoso como en el trópico. No había oro. Sólo el peligro de un próximo ataque indígena. Reinaba la pobreza, el frío y la lluvia en los largos inviernos. La necesidad obligaba al mestizo chileno, futuro criollo, al esfuerzo constante, a buscar
posiciones donde constituir reservas para afrontar las próximas necesidades. Egoísmo e individualismo, envidia, inseguridad y miedo se consolidaban en su personalidad y en su carácter. Se capacitó para la sobrevivencia.

Las distancias y la topograflia, las dificultades de comunicación, pusieron en santiaguinos y provincianos el sello de la marginalidad con respecto a centros políticos de decisiones superiores, Perú, Mar del Plata, España y el mismo Santiago para el resto del territorio.

La marginalidad geográfica y política empezó a perfilar en la comunidad nacional Ia depresión del isleño", y el fenómeno de la erosión humana, que todavía se manifiesta. Todos han querido abandonar su rincón para establecerse en un centro mayor, una villa, un pueblo, una ciudad, o la capital.
La consecuencia de esta depresión del isleño fue y sigue siendo la tendencia a no echar raíces, a querer emigrar de su lugar de origen. La congestión urbana y la migración continua especialmente hacia Santiago es un proceso de notable intensidad con respecto al resto del continente.
La veneración al extranjero y a lo importado, marcaron la personalidad del criollo.

El siglo pasado sin embargo, fue una reacción frontal en Chile contra este estado de cosas, este
lastre psicológico, social y cultural. La autonomía, la independencia, el cambio de régimen, la llegada masiva de colonos extranjeros, el descubrimientos de valiosos minerales, el alistamiento para las guerras internas y externas, las victorias en las guerras fueron estímulos que despertaron
las energías dormidas en la comunidad nacional naciente, que dejó momentáneamente atrás su siesta colonial, una parálisis de todas sus fuerzas y sus energías, que era muy exactamente depresión social, y cuyos elementos generadores se mantienen latentes y mas o menos se manifiestan frente a las circunstancias.

Sobre la base del análisis anterior, podemos destacar algunos factores sociales e históricos que nos permiten entender mejor la predisposición depresiva latente en nuestra comunidad nacional para hacer posible su superación y deseablemente su erradicación.

Estos factores se pueden resumir en los siguientes:

1. Autoritarismo y machismo en la familia con respecto a la mujer y a los hijos;

2. Falta de participación de la base social en decisiones que le afectan básica y fundamentalmente;

3. Marginalidad geográfica y física de grupos sociales sin elementos estimulantes que los asienten y los lleven a echar raíces, a hacerse cargo de los desafíos que deberían resolver

4. Necesidad de revisar el concepto de marginalidad, marginalidad social, marginalidad cultural, marginalidad económica, etc., para aplicar soluciones eficientes;

5. Frustración de la gran mayoría de la población ante la imposibilidad de aplicar las prescripciones de la publicidad pro consumo, formuladas como condicionantes del estado de felicidad comúnmente anhelado;

6. Falta de oportunidades para la juventud, con la consecuente frustración que va a constituir un sello depresivo firmemente registrado en cada joven para sus próximos años.

7. Necesidad de introducir en la nueva educación contenidos idóneos para liberar a las nuevas generaciones del peso histórico de los componentes de una indiscutible tendencia
a la depresión social.

Los historiadores han modelado muy estética e idealmente los episodios que relatan. El desembarco de los tripulantes de las carabelas de Colón en suelo americano, tiene que haber sido muy diferente a las solemnes escenografías que nos han mostrado los artistas del pincel y que nos han relatado historiadores obsecuentes y al servicio de las políticas interpretativas de los gobiernos. Desde el momento mismo del desembarco después del dramático viaje tiene que haber operado la agresión y la violencia sobre la población autóctona, las violaciones y el esclavismo sobre sus mujeres.

LA DEPRESION EN LATINOAMERICA Y EN CHILE

Una predisposición desde las raíces

Todo empezó con el desembarco de los primeros españoles en nuestro contin ente. Aparte de la disminuida condición social y cultural de los navegantes, ex-presidarios, fugitivos, marginales, el viaje mismo con sus incidentes y conflictos, los había alterado profundamente.