HABLEMOS DE CAMBIO

Hablemos de cambio. Es un tema primordial del mayor interés público y de la mayor actualidad. Constituye la plataforma sobre la cual se han verificado los acontecimientos del pasado y sobre la cual se procesan los hechos del presente.
Todo está cambiando a nuestro alrededor. Cada uno de nosotros experimenta un cambio interno permanente. Podemos decir muy propiamente que no somos, hemos sido ,y nos estamos haciendo, nos estamos modelando continuamente. Una fina percepción que es la percepción del estado de equilibrio, nos permite advertirlo así.

El cambio interno debe ir a la par con el cambio externo. Son nuestras acciones las que mantienen la relación con el cambio externo, que marca el proceso de la evolución. Tras nuestras acciones están nuestros pensamientos que también tienen que cambiar. Si no cambiamos permanentemente y vamos cambiando nuestro pensamiento, nos desfasaremos del cambio global, perderemos la integración, seremos marginales.

La actitud y la predisposición conservadora traducen esa ruptura entre el cambio interno y el cambio exterior. Por tanto es positivo para nosotros mismos que estemos dispuestos a cambiar nuestras acciones y nuestros pensamientos más irreductibles, especialmente cuando generan conflictos en nuestras relaciones personales y chocan con la moral que sirve de base a nuestra cultura y que sí que es permanente.

El cambio personal tiene que ser profundo pero previamente habrá que superar la dualidad entre el pensar y el actuar.
También será indispensable reconocer los errores en nuestra percepción pasada para limpiar la mente de restos y desechos, de anclajes perturbadores. El cambio social, no cosmetológico, sino que profundo, estructural ,y actualizador, nacerá como consecuencia inevitable de lo anterior.

Hay un gran tope para romper el cerco y dar lugar al dinamizador proceso del cambio. Culturalmente se nos ha inducido en el entrenamiento de la niñez, un No con miedo con pánico, con agresividad, con encono, con desesperanza, con ira, con desencanto, es decir un NO sobrecargado de potentes emociones negativas en lugar de un NO racional, reflexivo, y bien fundado.
El SI que hemos aprendido guarda reservas y desconfianza y también es entonces emocional. Necesitamos que nuestro SI sea prudente.
Neutralizando la emocionalidad del SI y el NO que hemos estado usando nuestras decisiones frente al cambio interno y externo cada vez más nutrido serán más objetivas y realistas.
Nuestro SI será fundamentalmente de aceptación y de integración.