EXPEDICION A YERBA LOCA
     

Un fin de Semana Santa del principio del siglo XXI nos adentramos en la zona de los Farellones -hacia el lado nororiente y arriba desde Stgo. De Chile- en 4 vehículos fuertemente equipados para la ocasión. Subiendo una pronunciada pendiente de un cerrado y peligroso camino hasta la entrada del Parque Yerba Loca, reserva protegida por Fauna Co. Vamos el grupo de Buscadores, más la Tribu de Chen, (unas 7 personas), además de Arcabuz y la Maga, ambos sanadores consumados; él médico-brujo y gladiador, y ella astrónoma experta en constelaciones y arcanos; ambos videntes.
Llegando a la entrada sufrimos la avería de uno de los vehículos que gracias a la experticia de los técnicos del grupo, logramos salvar, lo que retrasa el inicio del viaje e introduce un factor de incertidumbre en la expedición. Entrando ya a la reserva debemos negociar los animales de carga para la Tribu de Chen, que lo integran mujeres y niños que no podrán cargar mucho peso; equipo para soportar una jornada de tres días, que en este territorio salvaje nunca se sabe a cuanto más se podría extender.

Un gastado cartel nos da la bienvenida: "17 Kms al Glaciar"

El día esta hermoso y la caravana emprender la marcha alegremente, internándose por un paisaje que resulta de lo más bucólico - tipo tarjetita postal-, y que nos hace sentir alegres y confiados. Así comenzamos la caminata en dirección a los picos que se divisan hacia el fondo del valle y como trasfondo el cerro La Paloma (4900 m), que permanece todo el año cubierto de nieve. Nuestra intención es visitar el Glaciar del mismo nombre, ubicado en el costado sur de la montaña, verificar su grado de derretimiento y calcular su envergadura para nuestros registros, ya que según es de público conocimiento, el 95% de la reserva de agua dulce en el planeta se encuentra en forma de glaciar, por lo que nos importa -y mucho-, el estado de descongelación, contaminación, dimensión y ubicación de este.

El viaje va maravillándonos a cada paso, los riscos, el río (del que no debemos beber por la fuerte concentración de sulfatos) las aves, flora e insectos propios de este hábitat nos sorprende y nos hace olvidar la dura jornada que debemos realizar. Si la expedición anterior fue esforzada, esta resulta mucho más aún.
Nos damos cuenta por la forma en "U" del valle que fue formado por un enorme Glaciar que llegaba hasta lo que hoy es la entrada del Parque; que tiene que haber sido durante última Glaciación.
Caminamos todo ese día y llegamos al caer la tarde ya exhaustos al final del valle. En ese punto debemos tomar una decisión rápida y decidimos separarnos ya que la caravana que carga su propio peso (sin bestias) esta extenuada, el frío arrecia y la noche amenaza. Arcabuz y la Maga siguen adelante para unirse a la otra cordada, soportando la parte más dura de la travesía mientras la noche les pisa los talones...
Mientras armamos el campamento para tomar un merecido descanso, mientras está cayendo la noche y comienza un ventarrón que sorpresivamente levanta una de las carpas que aun no esta sujeta al suelo, que sale rodando llevada por el viento; salgo detrás de ella ya que si no la perderemos; ya ha oscurecido y corro por una explanada de piedras y rocas; y como la carpa va tomando velocidad me veo en la necesidad de aplicar una "carrera de poder", que había aprendido con los chamanes tiempo antes y que permite correr en la oscuridad en un terreno irregular, sin caer ni tropezar; hasta que logro darle alcance y la traigo de vuelta. Lo tomamos como un aviso para estar mucho más atentos a los imprevistos que nos acechan.
Nos preparamos a pasar la noche. Hemos calculado realizar el viaje con luna llena, de manera de contar con luz nocturna, suficiente como para no requerir luz artificial. El menú a cargo de la Dra. Nills resulta de antología. Acentuado por ese estado en que entra el cuerpo después de un esfuerzo prodigioso.

Tempranamente nos vamos a dormir, ya que pensar en el día siguiente nos excita y llena de expectación.

Con las primeras luces del alba nos levantamos, desayunamos y preparamos el campamento debidamente para iniciar la marcha; comienza el día con un viento blanco que nos acompañara toda la jornada. Queremos saber del otro campamento y por cierto seguir viaje hacia el mentado Glaciar.
Vamos con lo mínimo necesario para soportar esa jornada y poder desplazarnos con ligereza. La visión que comienza desde ese momento en más es realmente prodigiosa; nos sentimos privilegiados de poder contemplar esa maravilla de la naturaleza que a cada minuto cambia y nos sorprende mostrándonos nuevas y desconocidas facetas del extraordinario mundo en que nos encontramos
Aunque hace frío el esfuerzo nos hará mantener el calor hasta lograr remontar la olla en donde suponemos, nuestros amigos situaron su campamento.

Ya hacia el mediodía, logramos hacer contacto con ellos después de una azarosa jornada en donde debemos desafiar una imprevisible y peligrosa ruta, cruzando una cascada y una garganta rocosa. Finalmente logramos remontar la olla y nos reunimos con la otra parte de la expedición ansiando saber de su suerte; sin duda las condiciones climáticas a esa altura, unos 2500 m. son bastante más duras que donde esta nuestro campamento, pero ellos han sobrevivido y estamos alegres de encontrarnos. El lugar de la explanada es precioso, hay pastizales de yareta y pequeñas lagunas en medio, mientras pasta el ganado cordillerano; a pesar del viento que no ceja; hay varios grupos acampanado y sin duda, los más temerarios vienen por La Paloma.

Parte de la tribu de Chen decide volver ya que no había imaginado lo extremo de las condiciones y no vienen preparados para seguir. Chen ; "Samuray, cerebro en física cuántica y capaz de matar un caballo de un solo grito", y su familia directa, se quedan con nosotros para volver juntos hasta nuestro campamento base una vez realizado nuestro acometido.

Los del Origen, decididos a conseguir nuestro objetivo, nos armamos de valor y seguimos el viaje internándonos más aún en este verdadero extremo del mundo. Chen no podrá acompañarnos como es su deseo ya que no debe descuidar a su familia. Desde ahora en más ya no contamos con personal de apoyo y lo que ocurra será nuestra suerte. Debido a que esta vez no contamos con Luchozky, entrañable personaje de nuestras aventuras, decido tomar su lugar y abrir la ruta hacia lo alto. El equipo ya tiene el fiato suficiente como para adivinarnos en nuestras estrategias y escaramuzas a la distancia, en medio de esos incontenibles páramos, de manera que marchamos lentamente, paso a paso, deteniéndonos cada cierto rato a contemplar un espectáculo para el que no tenemos palabras, paisaje que nos sorprende y acongoja; estamos al filo del mundo conocido, lo que nos hace entrar en un extraño estado del ser...
Luego de algunas horas me he distanciado del piquete y me encuentro en un peculiar estado de silencio, que me hace contemplar esta maravilla incapaz de formular opinión alguna... ¡Allí esta el Glaciar!, hermoso, imponente, de color azulino-celeste propio de los hielos eternos, sempiterno, majestuoso, imponente. Lo veo frente a mi y no hago sino contemplarlo largamente, en un reverente y profundo silencio...
Hasta que un fuerte viento me golpea bruscamente, empujándome y casi haciéndome caer por el acantilado que esta a mis pies; la fuerza del viento debe ser de unos 90 km x h., me agarro con todas las fuerzas procurado salir de allí cuanto antes para no ser -literalmente- arrojado al vacío; pareciera que la montaña esta viva, y que nos todos tienen el privilegio de contemplarla cara a cara sin exponerse gravemente. Luego de un rato cobijado a barlovento tras unas enormes rocas, llega el resto del equipo Fredy, Nills y Crist, y nos juntamos en una explanada con una pequeña laguna, protegida del ventarrón, lugar ideal para montar un provisorio campamento para el rancho, ya que debemos volver ese mismo día. Hemos conseguido el objetivo, estamos frente al Glaciar, tomamos las mediciones e imágenes necesarias. Estupefactos comprobamos que el Glaciar ha retrocedido más de lo que habíamos imaginado, las huellas del antiguo trazo son patentes... Calculamos que a esta velocidad, el deshielo consumirá el Glaciar en pocos años. La pregunta es ¿qué pasara con las generaciones que vienen después?... No nos atrevemos a aventurar una respuesta.
Nos servimos calladamente una reponedora ración de travesía y decidimos emprender la marcha de regreso, con el resto de la expedición que se ha quedado en el campamento base nº 2 y que oficia de unidad de contacto para esta escalada, antes que el clima empeore.
Volvemos con cierta pesadumbre por lo que acabamos de comprobar, sin embargo el regreso siempre tiene este clima de "vuelta a casa"; al lugar querido, a nuestra gente.
Y llegamos a reunirnos con el grupo del campamento nº dos; la idea es evacuar el lugar antes que las condiciones climáticas, ya severas, se extremen. Levantamos el campamento y volvemos al campamento nº 1 ya al caer la tarde.


Detectamos un aparato-volador muy alto, que lleva una bolsa -suponemos con provisiones- y que luego de un rato pasa de vuelta sin ella, por lo que presumimos, anda otra expedición en la zona.
Esa noche es festiva ya que al otro día salimos del valle; y a pesar de todo mantenemos la alegría, hablamos, cocinamos, reímos, en un momento de solaz que solo se da en estas inmediaciones, cuando nos hemos experimentados desnudos e indefensos frente a una naturaleza tan poderosa como misteriosa y frente al cual toda retórica pierde sentido. Pasamos una buena noche.
Ya al otro día tomamos imágenes, arreglamos todo el equipaje, llegan los caballos y mulas que llevaran parte importante de la carga, nos despedimos del lugar retirando nuestros rastros, y emprendemos el regreso, del que nos queda aún una larga jornada y que nos permite contemplar el paisaje bajo otras condiciones de exigencia física. Y meditar en los que este a significado para cada uno.
En el camino de regreso nos topamos con el resto de unas construcciones de piedra, que no corresponden a la arquitectura conocida y que no habíamos advertido, nos parece ser restos de algún asentamiento inca, ya que se ha encontrado pruebas fehacientes de que estos hombres transitaron por estas inmediaciones en actos de rito conjuro y magia.
El cielo esta nuevamente limpio, parece que esta tempestad de viento blanco hubiese sido una prueba para nuestra reciedumbre, una prueba de la montaña para nosotros.
También nos enteramos que el proyecto Cóndor, que consiste en criar estas aves en cautiverio para luego dejarlas ir, haciéndoles un seguimiento satelital, tuvo aquí su base de operaciones.
Lo que no pudimos averiguar es porque se llama Yerba Loca.
Senderista. Especial para "The Water Festival News"