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Exploración
a los Baños Colina, nueva Saga de los Buscadores
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Un
día de otoño, recién iniciada la era de acuario,
días de luna llena y un oscuro pronóstico del clima;
nos internamos hacia el lado llamado Cajón del Maipo, en busca
de una laguna perdida ubicada hacia arriba del Valle Colina, sobre
los baños del mismo nombre (al final del Cajón), en
búsqueda de los Orígenes del Agua para los registros
de nuestro Festival. Vamos como siempre, equipados para soportar (casi)
cualquier emergencia. Pasando mas arriba de Baños Morales que
ya habíamos explorado antes, en donde termina el poblado y
hay apenas caseríos habitados durante el verano por pastores-cabreros
y su ganado -llamado veranadas-, y que hacia el final del otoño
son evacuado ya que no es posible la vida humana ni animal en tales
condiciones extremas.
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Vamos
el grupo de Buscadores, la tribu de Chen, cuatro mujeres feroces y Osman,
viejo y cazurro lobo de mar, pendenciero y bromista impenitente. En
total unas 12 personas más dos niños, en dos vehículos.
Es pleno otoño, y no deja de sorprendernos y encantarnos la tonalidad
de la vegetación y los mil colores del follaje, enmarcados por
las formaciones rocosas impresionantes que a uno y otro lado del camino
nos despiertan indecibles emociones; sentir el tiempo literalmente "extendido"
en el espacio frente a nuestros ojos; millones de años de formación
geológica condensados en el paisaje, nos resulta trepidante.
Nos adentramos más y más, durante varias horas hasta llegar
a la zona en que ya no hay vegetación, excepto la tundra andina
compuesta principalmente por líquenes y algas. Estamos a unos
2.600 m.s.n.m. en plena aridez cordillerana, en donde no crece otro
tipo de vegetación.
Finalmente ya al mediodía, habiendo pasado una cuantas excavaciones
mineras, de extracción de Yeso y otros minerales -como el Cobre-,
por un escarpado e impresionante camino, llegamos a finalmente a destino.
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Se
ve pocos visitantes; elegimos el lugar y montamos el campamento base
cuidando de quedar protegidos del viento, que en ocasiones se levanta
arrasando con todo a su paso. Y disponemos nuestros pertrechos.
En seguida del reconocimiento previo, nos aprestamos para emprender
la expedición a la laguna, que queda, según sabemos,
al otro lado del río, subiendo algunas horas.
Vamos bien aparejados. Los niños y Kristiance -la amazónica
yogui y mamacona de la tribu Chen-, han quedado en el campamento.
Nissan Samuray, como reconocido experto en la zona oficia de guía.
Iniciamos animosamente la marcha que debemos realizar - una vez cruzado
el río- en pendiente sostenida prácticamente todo el
camino. Al poco andar empieza a correr un viento blanco, que con la
altura se va a ir acentuando hasta convertirse en una inesperada nevazón;
dada la inclemencia, a más de alguno se le pasa por la mente
abandonar el desafío; que al principio parecía mas fácil
que las expediciones anteriores, pero la nevazón lo hace más
difícil y nos requiere un tesón inusual y una fuerte
dosis de voluntad. Felizmente la confianza y arresto que el grupo
ha desarrollado se hace patente en esta situación límite.
Remontando cierta altura divisamos un par de cóndores volando
abajo nuestro, no muy lejos, lo que parece excepcional ya que normalmente
estas enormes aves, que se distinguen por un vuelo en planeo, se pueden
ver arriba de uno, raramente volado abajo.
Luego de unas horas de camino, finalmente alcanzamos la olla en donde
podemos ubicar la mítica laguna, calculamos a unos 2900 m.s.n.m.
disimulada en medio de una recóndita quebrada y tras un portezuelo;
lo primero que se nota es que antes tenía un mayor nivel de
agua, suponemos que es debido a que aún no empiezan las grandes
lluvias. Nos parece un milagro de la vida lo que tenemos a la vista;
un nuevo Origen del Agua que hemos encontrado nos hace sentir eufóricos,
como si todo lo anterior hubiera sido el precio que nos pone la Naturaleza
para mostrarse. Hemos alcanzado el objetivo que nos habíamos
puesto al emprender esta nueva saga, que quedara como historia para
nuestro registros.
Alcanzamos a advertir la belleza del paisaje, sin embargo la densa
bruma prácticamente nos impide la vista.
Compartimos una pequeña merienda, nos juntamos con todo el
grupo, tomamos las muestras e imágenes previstas. El ánimo
del grupo es notable, la camaradería y el buen humor alivianan
la intensidad del frío y la humedad que nos ha traspasado la
ropa. Pietragurka, bárbara teutona, procedente de los bosques
fríos, maestra y defensora de todas las cosas; que nos acompaña
esta vez, tiene los dedos congelado, lo que la obliga a moverse permanentemente
para no morir entumecida.
Decidimos emprender ya la retirada, por si las condiciones climáticas
empeoran. Todavía nos quedan algunas horas de regreso hacia
abajo, lo que no es menos peligroso ya que la técnica requerida
es muy diferente al ascenso. Divisamos unas cuantas libres que salen
despavoridas al vernos. Entendemos ahora haber encontrado "guachis",
trampas poco visibles propias de los arrieros de esta zona, usadas
para cazar animales pequeños.
Ya al caer la tarde llegamos nuevamente al campamento, dispuestos
a disfrutar de las mejores termas que hemos conocido, con prodigiosas
propiedades curativas. Incluso hay una fuente de agua de colirio,
para los ojos.
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En
el valle se puede sentir una intensa energía, en torno a este
eximio tesoro de la naturaleza, entregándonos este regalo de
las termas; imaginamos que los pueblos originales que cruzaron estos
páramos en la antigüedad tenían este lugar como
sagrado, tanto que se puede sentir.
Disfrutamos como niños de los baños termales; y de la
grata conversación, sazonada por el desconcertante humor-diferente
de Osman.
Al caer la noche, la lluvia en vez de parar ha aumentado, lo que despierta
nuestra inquietud ya que teníamos previsto cenar juntos a la
intemperie. Por la lluvia debemos suspender la cena planificada, de
manera que nos disponemos a cerrar el día y a dormir en nuestros
"-3"; equipos traídos especialmente para la ocasión.
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Nos acomodamos y nos disponemos a dormir. De pronto
sentimos ruido de vehículos y gente afuera de la carpa; es nuestro
conductor -hombre criado en la zona y conocedor- algo agitado diciendo
que la nevazón no parará y que es prudente evacuar el
campamento hasta un refugio ubicado más abajo; lo que debemos
evaluar rápida y urgentemente. En ese momento nos damos cuenta
que la carpa en donde estamos está cediendo, a punto de desplomarse
por el peso de la nieve; efectivamente los equipos no resistirán,
de manera que decidimos levantar el campamento con todos los bártulos,
los niños, etc, y salir cascando; es una situación de
emergencia por lo que no hay tiempo para dubitaciones. Mientras nos
vestimos, en medio del agua y el frío que se filtran por todos
lados, nos turnamos con Crist para sostener la carpa, evitando que se
desplome. La situación de ahora en más es rescatar lo
que se pueda, salvaguardar lo otro, y emprenderlas prácticamente
con lo puesto. Salimos bajo una fuerte y silenciosa nevazón que
se deja caer en el valle, con el vehículo lleno hasta el tope,
y la reconfortante sensación de que a pesar de todo, estamos
juntos en esto.
Llegamos al lugar ofrecido donde nos esperan. La construcción
es sólida y sin duda ya ha soportado peores condiciones climáticas.
Llegando allá nos damos cuenta que el otro vehículo no
esta, ni las dos mujeres que venían en el; suponemos por la estampida
que estaban muy asustadas y que decidieron volver esa misma noche, en
un acto que nos parece temerario e imprudente. Esperamos que puedan
lograrlo...
Sin embargo la gente del refugio nos acoge con tal cordialidad y tan
generosamente como alguien puede hacerlo en estos momentos extremos;
nos ofrecen su techo y calor, por lo que baja la tensión y nos
hace sentir aliviados. A pesar del frío y la incertidumbre el
equipo esta contento y agradecido por la suerte que corremos.
Es una linda noche, por todo lo que hemos recibido, nos parece Navidad;
Nissan prepara una cena maravillosa y disfrutamos de ese calor humano
que aquí se aprecia más que en cualquier otro lugar.
Ya pasada la medianoche nos retiramos al refugio que nos han cedido
para dormir. Prendemos la salamandra, secamos nuestra ropa y nos calentamos.
El sueño aquella noche es reparador.
Al
otro día ha dejado de nevar, el paisaje es hermoso y blanco.
Tomamos un alegre desayuno, lleno de la luz matinal que entra por
todas partes saturándonos el refugio y el ánimo.
El momento de regresar nuevamente a las termas es verdaderamente gratificante,
tenemos la sensación de que "la tormenta ya pasó",
y que fue una gran prueba para nuestro grupo de intrépidos
expedicionarios; es un sentimiento de verdadera dicha contemplar el
paisaje nevado sumergidos en las termas. El astro solar se asoma y
nos bendice con unos rayos de luz y calor, que son suficiente para
nosotros.
Luego
nos vestimos y nos aprestamos a visitar lo que quedo de nuestro campamento.
Al momento de regresar se nos recoge el alma al ver la suerte de nuestros
equipos enterrados bajo la nieve; imaginamos estar ahí sepultados,
tanto que apenas lo podemos registrar. Desenterramos el campamento
-o lo que queda de él-, en medio de la inocente jugarreta de
pastor-lobo y guardián del lugar, que hace caso omiso a nuestro
azoramiento. Debemos trasladar el campamento hasta el refugio cargado
en los hombros, ya que el vehículo no puede subir hasta acá,
porque en el barro patina.
Al
mediodía ya emprendemos el regreso; disfrutamos la travesía
tomando hermosas imágenes, contemplando el paisaje arrobador.
Mientras algunos duermen.
Paramos para almorzar en algún sucucho al reparo del camino,
y seguimos a Santiago para llegar antes de caer la noche.
Ha sido una aventura más, con un final feliz. Muchas gracias
a todo el equipo, seres mágicos de esta zona del tiempo.
El
Senderista, Reporte para "The Water Festival News"
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