LOS SECRETOS DEL VAGABUNDO

En la tranquilidad de una noche de olvidos, sentado en un banco de un solitario parquecito de Santiago, se sintió observado y escucho un tipo de sonido que como lenguaje se fue haciendo mas intenso que el bullicio general de la ciudad. Como simple observador de todo lo que pasaba por su mente en ese momento, descubrió que los árboles le sonreían y se hacían cómplices de todo su mundo interno. Estos verdaderos consejeros lo hicieron comprender que a través de una mayor valoración del presente , las frustraciones quedaban sin espacio. Con esperanza se despidió de los árboles que seguían sonriendo.

SURIA

GRANDES ECOLOGISTAS

Fue un día de fiesta nacional, las calles llenas de banderas, volantines y brindis, definían el ambiente santiaguino. Asomaba además la primavera en esta tarde tibia. Contrastando con esta gran euforia, se acercaba desde lejos la imagen tranquila de una pareja de cartoneros, su carretón y un perro. Mimetizados con las calles, pasaban casi inadvertidos, si no fuera por que provocaban cierta incomodidad no consciente en su entorno tan impersonal. Ellos al tanto de este sutil rechazo, se unían a través de miradas en busca de su común tesoro...las sombras del camino. Como voyerista del estoicismo existencialista.... allí vi la vida.

SURIA

 

 

EL ORGANILLERO

Todo un personaje de imagen que guarda tradiciones y nostalgias de otros tiempos. Contrastaba con la alegría de los remolinos de colores y su música de juegos, de niños, parques y de calles tristes, alegradas en tardes de domingo. Se acercó al lugar de diversiones con la confianza de la entusiasta bienvenida, pero en un momento como monstruo destructor, a poca distancia, atrajo la atención de toda la concurrencia, la oferta de un producto de moda que ofrecía regalos e ilusiones, que inhibieron bruscamente los sentimientos. En su soledad el organillero se fue... sin dejar de girar la manivela

 

 

 

 


Christian N. C.