GENERACIONES DE ADULTOS MAYORES
Años Dorados

Tercera Edad ¿un mito mas?

Nuestro país, por razones múltiples y complejas de orden sociológico y económico, se va transformando en un país mayoritariamente de tercera edad. Muchos años atrás, había toda una política para la estimulación de matrimonios y los nacimientos a partir de una educación y un régimen de salud que en general era financiado por el estado.

Pero eso quedo atrás. También quedo atrás el mito de que la tercera edad, entendída como una edad superior a los 60 años, era una época donde comenzaba un proceso de reclusión y de involución. Tercera edad, en nuestra actualidad y en nuestro sistema de vida, de todas maneras es un tiempo de cambios profundos que, si no es bien enfrentada, puede derivar en una crisis que dañe definitivamente la salud física y psíquica de las personas que la experimentan. La disminución de la relevancia social, la violenta alteración de las relaciones interpersonales, el agotamiento de las funciones que determinaron un status, el agobio de las enfermedades mal llamadas degenerativas o el temor a enfrentarlas, la perdida o el alejamiento de los objetos de la identificación (vale decir, los hijos, y a veces la pareja), el frecuente aislamiento, la soledad existencial, el temor a la muerte, conducen a estas personas a profundos estados de desencanto, agotamiento y depresión. Por otra parte, la insistencia social en el deterioro y en la incapacidad creciente de estas personas, que se traduce en el hecho de no ofrecerles "empleo", institucionalizan y consolidan la crisis, añadiéndole la desesperanza. Es inevitable o lógico que sea así?. No pensemos en lo justo o injusto de la situación. No es necesario ubicarse en el terreno de la moral social para analizar el problema y buscar soluciones. Digamos que desde ya la situación que aflige a un sector considerable de nuestra comunidad nacional en relación con sus aspiraciones de realización personal, de calidad de vida, de aproximación a la dicha a que todos aspiramos y que es nuestro único derecho natural, carece de toda lógica desde el punto de vista biosociologico. En culturas antiguas, hubo un enfoque mucho mas certero y productivo respecto al hombre y la mujer de edad, a pesar de que la fuerza y la capacidad física constituían valores casi míticos. Los ancianos de esas culturas eran considerados depositarios de la experiencia y la sabiduría constituían un consejo con gran autoridad en el gobierno de la comunidad o la tribu. Pero más que el peso o los prejuicios que reinan en nuestro medio, el derrotismo etario que invade a muchas personas de mas de 50 años proviene de sus propios prejuicios, de su desconcierto espiritual, de las enfermedades que no saben enfrentar, de las ilusiones gratuitas, injustas o infundadas que se han estado formulando, de su temor a la muerte y al mas allá, de un insuficiente entendimiento del mundo, de los procesos de cambio y del futuro. Las tentativas metodologicas que pretenden responder a la situación no han sido exitosas. Se pretende que el anciano olvide su edad o la soporte como un mal necesario; que asuma una ideología lírica de optimismo y fe; o bien que se enajene tratando de repetir las proezas físicas de la edad joven sobre la base de determinados estímulos. Ancianos que participan en duras pruebas atléticas o ancianas en gimnasia aeróbica pueden llegar a ser tentativas y métodos enajenantes que sacrifiquen incluso la dignidad de las personas de mas edad en pos del lucro y de los logros publicitarios. Es indudable que se necesita una capacitación para la tercera edad en un período previo y dentro del mismo esquema laboral. Esa capacitación tiene que fundamentarse en el avance hacia una autonomía y una productividad que seguramente no estuvo al alcance de la persona común en la juventud o en la madurez. La experiencia adquirida, las tecnologías que han ido asumiendo la persona en su gestión laboral y, mas que nada, sus posibilidades de libertad y opción son una buena base para avanzar en la dirección señalada. Es un hecho que en la edad avanzada, el sedentarismo o los deportes irracionales de edades anteriores pesan considerablemente. El cuerpo se va constituyendo en un lastre y no en una palanca para nuestras expectativas y necesidades intelectuales o espirituales. Enfermedades circulatorias, reumatismo, colesterol, problemas de presión, reducción de la capacidad respiratoria, molestias o enfermedades de columna, dificultades para oír o para ver, inhabilidades sexuales se van haciendo mas frecuentes en la medida que se avanza en edad. Pero ¿es la edad la que produce todas estas enfermedades? Existen sobrados antecedentes para responder con un no categórico. Hay muchas personas de edad avanzada lucidas y de salud sobresaliente. Hay muchos jóvenes con lumbago y colesterol alto. Pensamos que pesan mas en las personas los años de stress y depresión mal enfrentados, la vida sedentaria, la dieta irracional, la perdida del rango respiratorio, los mitos y supersticiones negativos, el derrotismo frente a la edad, y la gratuita convicción de que ya es tarde para reaccionar y se ha perdido la oportunidad. Por el contrario, podemos decir que siempre es oportuno para empezar una reacción. Todos los días estamos naciendo de nuevo con mas experiencia y con mas capacidad de libertad. La naturaleza es muy noble y esta a favor de quien quiere vivir plenamente y se esfuerza con constancia.

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Locomoción Colectiva y Vida Sana


No es conveniente que las personas con más de 50 años, o las que padecen de alguna afección ósea viajen en los microbuses de la movilización colectiva de Santiago, ya que la mala condición de estos vehículos y la brusquedad del manejo de los chóferes, les pueda producir daños en el esqueleto. Las frenadas bruscas pueden producir a los adultos mayores que viajen de pie peligrosas caídas y tirones.

Por lo demás caminar unas 20 cuadras al día, es el mejor ejercicio para el adulto mayor, salvo que tenga problemas de varices

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PRIMERAS GENERACIONES
Años Dorados

Para que en las edades avanzadas nos envuelva la luz dorada del crepúsculo necesitamos que nuestro cuerpo siga siendo la plataforma de lanzamiento de nuestras expectativas mentales y espirituales. Necesitamos mantener la lucidez, que unida a la experiencia adquirida en los años previos nos permitirá ser muy productivos, y a lo mejor llegar a la cúspide en los caminos que emprendimos desde jóvenes.
Necesitamos superar el temor a la muerte y entender que este es un paso más allá del cual se abren otros espacios de conciencia. Tiene que quedarnos claro que los apegos y las posesiones van perdiendo su sentido a medida que vamos despegando con los años hacia nuevos espacios de vida, conciencia y plenitud. Eso es empezar a recuperar la vena espiritual de la existencia generalmente extraviada en el tráfago del mundanal ruido y en los inmediatismos sobrevinientes en los cuales nos hemos debatido durante muchos años.

Al iniciar este tema, es oportuno destacar que entenderemos por TEMOR A LA MUERTE todas las degradaciones que van desde un nivel de ACEPTACION NATURAL DEL HECHO CON CONFIANZA hasta el HORROR TRAUMÁTICO POR EL FENOMENO MUERTE.

En la actualidad, las Escuelas Psicológicas y Psiquiátricas están vivamente preocupadas por resolver el problema de Salud Mental que implica el temor a la Muerte, sea este conciente o subconsciente, y procuran lograr una perspectiva más racional del fenómeno para cada persona. Lamentablemente, el análisis y una solución eficiente y racional del hecho Muerte, tiene que ubicarse necesariamente en los aspectos trascendentales del hombre, en el campo de la Metafísica, en el plano espiritual, y en consecuencia, escapa de las posibilidades de la ciencia positiva y materialista.

De acuerdo a lo anterior, las Escuelas Psicológicas tienden a soslayar el problema o proponen un conformismo montado sobre el fatalismo o el desconcierto materialista, que no satisface las aspiraciones del hombre y no resuelve el síndrome Temor a la Muerte ,del cual forman parte integrante el Temor a la Vida, por ejemplo, la sensación de la inutilidad de esforzarse, crear y construir, un cierto desaliento y sentido del absurdo de la existencia y la caída en deformaciones neurótico depresivas; un impulso permanente a la evasión por la vía de la enajenación. una incapacidad básica de asumir nuestra propia perspectiva, y muchas otras asociaciones y derivaciones de este factor esencial inserto en nuestro campo mental; el Temor a la Muerte a niveles patológicos.

Ha habido un temor ancestral a la muerte. El hombre tiene la capacidad de asomarse a sus próximos tiempos. Se inquieta por los hechos del futuro en especial si son inevitables y comprometen íntegra y definitivamente su propia persona. Es natural también que se prepare para esos hechos y sus circunstancias. Es natural que se prepare para el fundamental cambio de la Muerte.¿ Pero existe esta preparación ,que podríamos llamar madurez espiritual? Si existe es muy excepcional.

El hombre de otras culturas y de otros tiempos, en general se preparó para el trascendental cambio de la Muerte, muy en especial cuando medió la Fé, cualquiera que ella haya sido. Cuando internalizó una filosofía también estuvo preparado. La vida de esos hombres no estuvo ensombrecida por la muerte sino que iluminada por una perspectiva compensatoria de sus limitaciones, como una nueva esperanza. La Muerte, definida como un cambio inevitable y siempre oportuno perfiló productivamente su vida. El hombre de nuestra cultura en su gran mayoría por el contrario, sustenta el Temor a la Muerte, ha sepultado la inquietud y se niega a prepararse, a formularse una hipótesis racional que despeje la incógnita subsistente. En otros casos cree haber adquirido elementos suficientes y eficientes. Pero la Muerte, pone a prueba la Fé, la filosofía y las convicciones que creemos poseer. Sólo una persona que sienta profundamente su Religión o su Filosofía tendrá aceptación frente a la muerte y a veces permanecerá inalterable. Si a pesar de nuestra Religión o nuestra Filosofía nos desconsuela o nos destruye la probabilidad de la Muerte quiere decir que sólo estamos en las puertas de nuestra religión o de nuestra filosofía y tenemos que avanzar por esos caminos.

Por otra parte, nuestras conductas y reacciones frente a la muerte parecen bastante convencionales, culturales y aprendidas y pueden ilustrarnos muchísimo respecto a un análisis a nivel de génesis y dinámica del complejo Temor a la Muerte. Llega a nuestros oídos la noticia de que en Asia murieron veinte mil personas en un terremoto o una inundación. Para nosotros constituye sólo una noticia. Murieron 10.000 niños de hambre en Africa, y también constituye para nosotros una información con muchas facetas que debatir. Hubo un accidente en la carretera norte y murieron cuatro personas, conocíamos a una de ellas pero no teníamos mayor contacto. Nos detenemos un poco más en la información. A nuestro alrededor dejan de existir personas de edad avanzada con enfermedades incurables, personas jóvenes en la plenitud de la vida que dejan hijos pequeños, delincuentes que habían dañado mucho, mueren personas que obstaculizaban nuestros propósitos o metas o que los estaban facilitando. Siempre nuestras reacciones son diferentes. ¿Qué elementos determinan nuestras reacciones de angustia y desesperanza frente a la muerte de otras personas?

En general la muerte de otras personas cercanas constituye un alerta, un aviso de la probabilidad cada vez mayor de nuestra propia muerte.

En muchos casos nos posee un sentimiento de culpa frente a la muerte de personas de nuestra relación directa. Es posible que no hayamos atendido sus quejas o no nos hayamos preocupado lo suficiente por ayudarlas y pensamos que nuestras acciones u omisiones influyeron de algún modo en el proceso de la muerte. El sentimiento de culpa no tiene razón de ser en el proceso de¡ Yoga, definido como un sentimiento difuso y deprimente. Sólo es válido el reconocimiento de nuestros errores para poner en práctica la reparación y el pronunciamiento interno de no volver a cometerlos. Siempre podemos reparar no solo en las personas a las que hemos ofendido sino que en el terreno de la vida misma. mediante acciones sociales nobles que siempre estarán en nuestras posibilidades.

El remordimiento por el daño que hemos ocasionado a la persona que murió y que ya no podremos reparar. Ya no podremos ser perdonados, nos afecta considerablemente, y nos pone en una situación de dolor y disconformidad.

Pero muy fundamentalmente en la muerte de personas de nuestra relación directa e inmediata obra el EGOCENTRISMO. Nuestros intereses, o aspiraciones se ven afectados en mayor o menor medida. ¿Cuánta falta me va a hacer esta persona? ¿En quién me voy a apoyar ahora? Nos olvidamos de que la muerte es un proceso natural dentro del programa de vida de la otra persona y somos determinados por nuestros particulares intereses. Las lágrimas que derramamos son por nosotros mismos, en la mayor parte de los casos.

En el temor a la propia muerte podemos despejar también varios elementos muy variables y que son determinantes en nuestra actitud, en nuestras reacciones, en el grado de nuestro temor.

Nos asusta lo desconocido. Las distintas hipótesis del más allá que se formulan, nos desconciertan en extremo. La Fe es una forma de dar vigencia de realidad a una posibilidad o hipótesis. El análisis racional también es una forma de adquirir certeza de lo que parece probable. Hay que hacer conocido lo desconocido. Hay que asumir una hipótesis racional respecto a la muerte y al más allá que nos construya desde este momento y darle la mayor vigencia e intensidad.

Nos angustia el temor al probable dolor del paso a la muerte. Sabemos que el dolor es precisamente la resistencia a la muerte. Cuando aceptamos la muerte, el dolor cesa. El dolor no viene con los grandes traumas físicos. Hay un límite para el dolor. En el umbral de la muerte y en su aceptación, el dolor cesa.

Nos aterra el temor a castigos indescriptibles más allá de la Muerte. Se nos ha dicho que el pecador paga con terribles mortificaciones los daños que ha ocasionado en la vida. Se nos ha dicho que se peca con el pensamiento. Nadie se escapa de pecar y nadie se escapa del castigo en consecuencia. Y el castigo eterno e indescriptible viene después de la muerte. Hemos registrado esos dogmas desde nuestra infancia y los recibimos de los altavoces de las personas que más nos amaron. No es raro entonces que pese sobre nosotros el temor a la muerte en consecuencia.

La muerte como cambio fundamental. En general, los cambios nos desestabilizan, nos desadaptan. Un cambio nos afecta menos si nos hemos preparado para él y si es nimio, de poca categoría. Pero la Muerte por el contrario, es un cambio fundamental que nos compromete personal e íntegramente para el cual podemos preparamos, y no lo estamos haciendo. Esta preparación debería constituir adaptación.

La muerte es un cambio que tiene que venir. Cada vez hay más probabilidad de que ocurra para cada uno de nosotros. La certeza y la probabilidad de un cambio es psicológicamente igual o peor que el cambio mismo. De ahí que en personas de edad avanzada en nuestra época se dé frecuentemente la Neurosis de Angustia o la neurosis depresiva ,como reflejo de un trasfondo de temor y desconcierto frente a la muerte.

El apego a lo mundano. Personas sumidas profundamente en el apego a lo mundano, a los bienes materiales, al poder, al dinero, a la fama, experimentan con mucho mayor intensidad el temor a la muerte con todos los efectos perturbadores en el campo de su salud mental. actual.

Para el Yoga, la muerte es un cambio natural que se debe producir necesariamente en las personas independientemente de la edad y de acuerdo a una programación y a una dinámica superior y muy exacta que no podemos penetrar. El hombre esencial continúa viviendo más allá de la muerte en otra dimensión, en otras posibilidades de conciencia más amplias porque no existe la restricción de la materia. En ese sentido la muerte es una forma de liberación que llega en el exacto momento. La muerte que es el proceso de liberación de la mente y del espíritu desde la materia, nos acerca a Dios, que es nuestro Padre. La doctrina de¡ premio o de¡ castigo en el más allá no está en los contenidos del Yoga. Todo hombre se salva tarde o temprano y de todas maneras. Dios no es Juez ni verdugo, es el padre que nos ama y nos recibe con amor. hasta allí se prolongan nuestras preocupaciones respecto al más allá. Todo lo que ocurra después de la muerte estará bien y será bueno para nosotros. Y este no es un dogma optimista. nace de una exacta valoración del hombre y de su significado trascendental.

En nuestra cultura las posiciones de Platón y Sócrates contienen todo el desarrollo filosófico del espiritualismo e ilustran más que suficientemente sobre la racionalidad de estas consideraciones.

No obstante, si decidimos considerarlas a un nivel de hipótesis filosóficas, de todos modos son hipótesis que construyen y vale la pena tratar de asimilar en lugar de las hipótesis que destruyen que habitualmente estamos asumiendo.



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